lunes, marzo 24, 2008

Deja vuh


Déjame sacarte los ojos mientras te beso la frente.

Deja que tu sangre corra por mi pecho,
Deja me alimento de tu último suspiro, de tu último sonido.
Para contemplarte cuando mueras, como si estuvieras dormida.
Y pensar que sueñas como si estuvieras viva.

Déjame buscar un cuchillo para sacarte las tripas.
Y saber por fin como eres por dentro.
Y volver a contemplarte ahí tirada, inútil, fría.
Mientras te digo lo que pienso sin que me contradigas.

Déjame contarte de mis sueños y de mis fantasías.
De cómo odio al mundo sin que no te rías

Deja te saco los sesos de un martillazo
Para que ya no pienses cosas malas
O tal vez para que por fin pienses
Al menos como yo lo hago.

Deja te aprieto el pescuezo mientras aun estas tibia.
Para verte de colores rojo, azul y verde.
Deja te disfruto así calladita.
Sin tus gestos y ademanes, maldita.

Deja me despido, sin preguntas y sin dudas
Sin decirte hasta mañana.
Sin prisas.

sábado, enero 13, 2007

23




Él se escondió tras la noche...


Le fascinaba el tenue destello que emanaba de la delgada y afilada hoja de acero que escondía entre sus ropas.


Estaba ocultándose, no de alguien, tal vez de si mismo, quizás de todos.


Recién había bajado de su costoso bólido alemán, un poderoso B6 turbo.


En su rostro no había ninguna expresión, ningún gesto, nada.


De pronto se inclinó, escucho que alguien se aproximaba, empuñó su arma.


Dio un golpe firme, limpio, preciso; instantáneamente lo que antes era un cuerpo con vida se convirtió en en dos partes inertes, muertas.


Repitió la misma coreografía una y otra vez hasta que sumo 23 muertes en una noche.


Y seguía sin expresión, sin gesto alguno.


No mataba por placer, no lo hacía por fama, ni porque quisiera embarrarse la sangre de sus víctimas en la cara, ni porque quisiera comer sus vísceras tibias, no estaba enojado, ni triste, tampoco lo hacía feliz hacerlo, ni guardaba recuerdos de los muertos, ni era ninguna parafilia, no quería que lo atraparan, no se sentía culpable, ni creía que fuera su misión, no llevaba la cuenta de sus muertos, ni siquiera pensaba en ello, no era por amor, tampoco por despecho.


Era por algo mucho peor que todo eso, era porque estaba solo, pero más que solo, estaba aburrido, muy aburrido.